jueves, 15 de octubre de 2026

El agua los ahogó: De la crisis hídrica al epitafio político

El tema de la semana sigue siendo el agua. Pero ya no es solo agua sucia. Es poder sucio.

Este fin de semana, una marcha ciudadana convocada para exigir agua limpia en La Minerva y que después caminó hacia Casa Jalisco, terminó como terminan los gobiernos que pierden el oficio político: en disturbios, con 39 personas detenidas, con imágenes que le dieron la vuelta al mundo de un Estado usando chorros de agua y gas lacrimógeno contra sus propios ciudadanos.

Esas imágenes indignan. Y deberían avergonzar.

Porque lo que vimos el domingo no fue un operativo de seguridad. Fue la confesión de una crisis política profunda que ha cimbrado al Gobierno de Jalisco. Un gobierno que se quedó estupefacto. Sin oficio. Sin empatía. Sin política.

Y aquí hay que decirlo claro: la crisis política no se profundizó por el agua contaminada — que por sí misma ya es un grave problema de salud y una pésima gestión de los recursos de la ciudad —. Se profundizó por la cadena de errores que las administraciones estatal y municipales emecistas han acumulado durante una década.

Omisión. Falta de seriedad. Ausencia total de profesionalismo. Y lo más grave: ausencia de autoridad.

¿De qué autoridad hablamos? De la que resuelve.

Hace más de 17 meses estalló el caso Eli Castro en el SIAPA por errores administrativos y problemas graves en contrataciones. A la fecha, no hay responsables deslindados. Ninguno.

El 1 de abril de 2026 se nombró a Ismael Jáuregui como director del SIAPA con la promesa de corregir el rumbo. Hoy, seis meses después, no hay mejoría en el servicio. Hay tandeos, hay turbidez y hay recomendaciones oficiales de "no consumir agua de la llave", como si con eso se lavaran las manos.

Lo ocurrido el domingo es la consecuencia lógica. Cuando no hay empatía, cuando no hay política, lo único que queda es el abuso de autoridad. Represión y detenciones que muchos ya califican de ilegales.

Este domingo puede ser el punto de quiebre del gobierno de Pablo Lemus. Tiene dos caminos.

Uno: cambiar el rumbo con seriedad, con profesionales de verdad al frente del SIAPA, con un plan integral que no sea solo un comunicado o un tik tok, con diálogo real con los vecinos.

Dos: seguir ensimismados en sus justificantes y empezar a escribir, desde ahora, el epitafio de su gobierno.

El agua no se resuelve con gas lacrimógeno, se resuelve con política de alto nivel. Con oficio. Con autoridad moral.

Eso es lo que Guadalajara está exigiendo.

Rubén Castillo
Diálogos de lo Público